Santísima Virgen María

 María, madre de Jesús de Nazaret, es desde el cristianismo primitivo considerada como una mujer única en la historia de la salvación, ya que en ella se encarnó el Hijo unigénito de Dios. Asimismo fue ella fue quien contuvo a Cristo en cada momento de su vida, desde el silencio y el anonimato, ofreciendo en todo momento el servicio humano más precioso jamás concedido, la maternidad.

 

 Es a su vez la intercesora más cercana a su Hijo, por lo que representa un modelo de santidad para cada cristiano, y un símbolo de protección maternal para todos sus hijos. De hecho, el amor mismo y la esperanza mesiánica la tuvo entre sus brazos en la natividad, muerte y resurrección de Cristo expresada en el cuidado y atención propios de una misión para toda la vida.

“María consoladora de los afligidos y salud de los enfermos, sé también para mí maestra de sabiduría y madre benigna”